un viAje por la geoGrafía emociOnaL
La pasión si no va acompañada de la razón y el equilibrio personal, puede llevarnos al vacío.
Pocas personas buscan el amor sano, la mayoría no sabe bien a bien qué es el amor. Tal vez porque nos han educado bajo las reglas del amor iluso, ése en el que la mayor parte del tiempo ambas personas esperan de la otra mucho más de lo que sería capaz de dar; se enamoran de la ilusión que esa persona inspira en ellas, mas no de el verdadero otro, u otra. El amor en pareja se convierte pues, en una extraña negociación de voluntades, en un ejercicio de mentiras a medias, en un intercambio de sacrificios personales que no hacen más que generar ansiedad, soledad y desasosiego: sentimientos por los cuales se buscaba, originalmente, tener pareja.
La cultura amorosa es tan pobre y tan ausente nuestra capacidad para conocer y gozar “la otredad”, que en lugar de explorar y aceptar a las personas, preferimos convertirlas en nuestras propias fantasías, nuestros delirios interpretativos; nos adueñamos de un cuerpo y a cambio de cariños, hijos, una casa y sexo le vamos adjudicando habilidades y borrando, de manera ficticia sus gustos y defectos. Encima de ello la gente se casa y, bajo estas reglas, el matrimonio es el único contrato legal en el cuál, lo que se obtiene a cambio del trato, es un ser humano en copropiedad.
Un buen porcentaje de parejas vive infelizmente casada o arrejuntada; con un falso sentido de propiedad sobre una persona que en realidad no conoce y a quien ha llegado a amar, precisamente, porque a cambio de cariño se ha ido adaptando a ese ideal que la otra creó de él o ella.
De noche todas y todos somos multidimensionales, en cambio, en casa, casi siempre, se vive en la expectativa unidimensional de la pareja, difícilmente se puede jugar a renacer sin crear conflicto.
Comprender que existen en las relaciones tres territorios: el mío, el tuyo y el nuestro, y aunque pueden coincidir para hacer el amor sanamente, no deberían ser invadidos por nadie.
El problema es que después de la gran pasión, en la vida cotidiana, uno pide que le devuelvan el alma y el cuerpo, pero nada, ya está en manos de la otra persona, la negociación es casi imposible. Algo anda mal en la concepción del amor.
